Cómo Ser Dandy Hoy en Día

Quizás debido a nuestra educación proustiana o balzaquiana, hemos estado convencidos durante años que el dandismo, como lo conocemos por la literatura y la historia, ha desaparecido de nuestro mundo moderno. Cuanto más lo estudiamos, más creemos que las pretensiones del dandismo son reclamaciones de igualdad. No importa si estaba basado en errores históricos o era el fin de una tradición semántica de Mignons, Petits-Maîtres, Beaux, Lions, Macaronis, Incroyables, Muscadins, Bucks, Bloods y Dandies, el hecho es persuadir a los lectores provincianos de revistas de moda y a los consumidores conspicuos que ellos pueden entrar y pertenecer a la genealogía de Brummell.

A pesar de esto, algunos caballeros modernos han aplicado teorías estéticas a la vestimenta y al comportamiento. Inspirándose en Oscar Wilde o en los manuales de cortesía medievales, su apariencia y comportamiento es extraño para la gente común y significativa para una privilegiada minoría. Como sus ambiciosos predecesores, su ánimo era instaurar una preeminencia moral sobre la sociedad utilizando la elegancia, el ingenio y la cultura. A menudo procedían de la aristocracia decadente que había perdido sus riquezas (la actual familia real francesa de Orleáns, liderada por el Conde de París, lleva décadas arruinada), y sus castillos (excepto Charveny, que ha pertenecido a la misma familia desde hace siglos, la mayoría de los castillos franceses son monumentos nacionales o propiedad de extranjeros millonarios).

Por otro lado, la mayoría de esos caballeros no pueden personificar sus teorías en la manera que solían los dandies. Hay dos razones para esto: la primera, el dolce far niente casi ha desaparecido. Tras la Revolución Industrial, las grandes familias decidieron que el ejército (Marina o Caballería, por supuesto), la diplomacia o la literatura no eran profesiones que les rebajaran. Incluso, ser un general, un embajador o un académico tenía un cierto prestigio. Entonces entraron en la lista profesiones como la científica o la financiera a consecuencia de su elitismo –y porque pagaban lo suficiente para financiar caras actividades de ocio-. Para finalizar, el poder hoy en día está en manos de industriales. Incluso ricos herederos, después de un período de disipación en Ibiza y Montecarlo (dos sitios vulgares), aspiran a estar en la portada del Forbes.

En segundo lugar, el pensamiento independiente ha sido castigado de forma creciente. Durante la época de los grandes dandies, Alphonse Karr, Barbey D’Aurevilly y Jean Lorrain se refugiaron en el periodismo para expresar sus cinismos en periódicos como Le Figaro, Punch, Les Guêpes y La Mode. Los periodistas de hoy no son suficientemente brillantes y los periódicos tratan casi exclusivamente con hechos, raramente con ideas. Como resultado, los hombres elegantes deben convertirse en trabajadores normales y conservar sus trabajos. ¿Puede esto ser otra cosa que una vergüenza o un acto de cobardía? En finanzas, comercio, ciencia, diplomacia, periodismo o arte, incluso hombres preparados no pueden ser otra cosa que empleados, y adoptar el tono de Montesquiou o la arrogancia de Barbey es la mejor manera para ser despedidos.

El desafío para los dandies hoy en día es saber vivir en este mundo de trabajo donde los debates intelectuales son dirigidos por productores de televisión, periodistas de moda y tristes moralistas. Entre amigos no hay problema: las fiestas privadas son buenos sitios para disfrutar y olvidar los inadmisibles insultos del jefe. Mencionando de nuevo a Chaverny, su propietario no sería otra cosa que un patético guarda de museo si no organizara actividades cinegéticas y tradicionales. No es necesario mencionar que los turistas no están invitados a estos placeres atávicos… El problema son las horas laborales, cuando los teatros están cerrados. El Dandismo es una filosofía total y exclusiva y, por tanto, parece incompatible con una vida trabajadora.

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