Solar protección

Aunque tomar el sol reporta muchos beneficios para la salud, la sobreexposición no está justificada bajo ningún concepto, con graves consecuencias que pueden ir desde una quemadura producida a las pocas horas hasta un cáncer de piel. Para protegerse es básico evitar las horas de mayor intensidad solar, usar ropa y un protector solar adecuado.

EN estos meses de verano, los dermatólogos son los especialistas médicos que activan de forma especial su estado de alerta. Aunque su trabajo de prevención se desarrolla durante todo el año, es en esta época, en la que el sol más aprieta, cuando tienen que estar más encima de la población para recordar que, si bien tomar el sol aporta beneficios para la salud, los perjuicios pueden ser irreparables. De hecho, el de piel es el cáncer que ocupa el primer lugar en Europa. 

Los dermatólogos lo tienen claro: la prevención se basa en la protección, protección y más protección. Julián Conejo-Mir, coordinador del Euromelanoma, presidente de Honor de la Academia Española de Dermatología y jefe de Servicio del Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla, intenta concienciar a la población de lo nocivo que puede resultar una exposición a los rayos ultravioletas (UV) sin ningún tipo de protección o empleando una inadecuada.

De los tres tipos de radiación ultravioleta que existen, UVC, UVA y UVB, es esta última la más peligrosa, teniendo en cuenta que la UVC, la más nociva, es absorbida por el oxígeno y el ozono de la estratosfera y estos rayos nunca llegan a la tierra. Sin embargo, el actual deterioro de la capa de ozono no nos deja libres de este tipo de radiación. «Es la responsable de ponernos rojos cuando nos exponemos al sol.

«Los rayos UVB son los responsables de ponernos rojos. Penetran en la piel a nivel epidérmico, por eso tiene capacidad alta de producir cáncer de piel»

Penetran muy poco en la piel, sólo a nivel epidérmico, por eso tiene capacidad alta de producir cáncer en la piel», explica Conejo-Mir. Por su parte, la radiación de los rayos UVA es la menos nociva y la que llega en mayor cantidad a la Tierra, pero también es dañina. Es la responsable del bronceado de la piel, ya que entre el 30 y el 50 por ciento de estos rayos llegan a niveles profundos de la dermis. Es tal la importancia de extremar las precauciones a la hora de exponerse al sol que los medios de comunicación tienen un papel fundamental.

De hecho, en los periódicos de Estados Unidos se publica diariamente el índice de UV solar, que representa una estimación del promedio de la UV solar máxima en la superficie de la Tierra. En España esa práctica también se está extendiendo en algunos programas de radio. En países próximos al ecuador, el índice UV puede llegar a 20 durante el verano, mientras que en Europa no suele pasar el 8, aunque en la zona de playas puede elevarse. Así, entre 1 y 3 se considera una exposición baja; entre 4 y 6, intermedia; la alta estaría entre 7 y 9, mientras que la extrema es superior a 10. La necesidad de concienciación está cada vez más extendida y muestra de ello es la iniciativa privada surgida en Andalucía.

Concretamente en Sevilla, en la localidad de Mairena del Aljarafe, el gerente de la farmacia Ciudad Expo, Francisco Galán, ha instalado un ‘solmáforo’ que indica el nivel de radiación que se produce en cada momento, con indicadores que van desde el verde, siendo la más baja, hasta el morado, cuando la intensidad de los rayos es más alta, pasando previamente por el amarillo, naranja y rojo. Esta escala de colores es la instaurada por la Organización Mundial de la Salud. Los perjuicios del sol sobre la piel están claros: «El daño más inmediato es la quemadura solar. La piel se pone roja, hinchada y pueden aparecer ampollas.

Si no se cura bien, puede incluso dejar una cicatriz de por vida». «Quemarse al sol alguna vez —explica el especialista— no produce ningún tipo de problemas, pero la quemadura repetida es uno de los factores más importantes en el desarrollo del cáncer de piel». Otra consecuencia de la sobreexposición es el envejecimiento de la piel, en particular el de la cara, cuellos y manos: «El envejecimiento natural produce arrugas finas pero la piel, a pesar de ello, continúa siendo suave y lisa, mientras que en el deterioro ocasionado por el bronceado, las arrugas se hacen más marcadas y profundas y se intensifica la flacidez cutánea».

¿Cómo evitar la sobreexposición? 

Para el especialista Julián Conejo-Mir, la prevención de quemaduras en la piel, con todo lo que ello conlleva, se basa en tres pilares: evitar las horas de mayor exposición, uso de la ropa adecuada y una protección solar acorde con el tipo de piel. Ya conocida la importancia de los fotoprotectores, el dermatólogo hace hincapié en la necesidad de evitar la luz y el papel protagonista que tiene la ropa a la hora de protegerse del sol. «Los protectores solares constituyen más bien una segunda y no muy buena opción, pero son mejores que nada.

El hecho de que el 39 por ciento de los que usaban cremas antisolares hubieran sufrido quemaduras, unido a la falta de uso por problemas de alergia, justifican la necesidad de buscar nuevas estrategias en fotoprotección», explica.

Ropa imprescindible 

Por ello, Conejo-Mir destaca la importancia de incluir en nuestra vestimenta una gorra o sombrero que proteja el cuero cabelludo y la cara, una camiseta de algodón, preferiblemente de manga larga, unos pantalones y unas gafas de sol. Además, es mucho lo que se ha avanzado en este aspecto, tanto que según indica el especialista, el mensaje de «Use ropa adecuada» será protagonista en casi todas las campañas de protección solar en el siglo XXI. En este caso, la protección con ropa se mide en unidades UPF, y se han realizado múltiples estudios para analizar la más adecuada, dependiendo de la eficacia de su porosidad, peso, espesor y color. Así, las de mayor índice de protección solar, con 100 UPF sería la ropa vaquera, mientras que las camisetas de algodón protegen 12 UPF o las medias de lycra sólo 2 UPF.

Por su parte, las prendas de tejido apretado y gruesas de lana o poliéster ofrecen la mejor protección, mientras que el algodón, el lino y el acetato son menos efectivos. No en vano, ya hay productos que, introduciéndolos junto a los detergentes en la lavadora, ayudan a potenciar la función protectora de la ropa. Ya no hay excusas para no protegerse del sol. Hay que ser cautos porque en lo que va de año se han diagnosticado 130.000 melanomas en todo el mundo. Y aunque éste sólo representa el 4 por ciento de todos los cánceres de piel, es responsable del 80 por ciento de las muertes por este tipo de cáncer. Hay que actuar para que la cifra de melanomas avanzados diagnosticados, 62.000 cada año en Europa, no siga aumentando.

También tiene beneficios

Aunque hay que mantener la alerta y trabajar para fomentar la concienciación de la población, los beneficios del sol son innegables. Conejo-Mir asegura que no sólo influye positivamente en el estado de ánimo, «estimulando la síntesis de los neurotransmisores cerebrales responsables del estado anímico», sino que al favorecer la síntesis de vitamina D, previene el raquitismo y la osteoporosis; produce vasodilatación, reduciendo la tensión arterial; y favorece la circulación sanguínea periférica. Y en muchas ocasiones también es beneficioso para el tratamiento de la piel, como en los casos de psoriasis, acné, vitíligo, etcétera.

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